31 de maig 2005

JOHN D. CAHILL, GANÓ CINCO MARATONES TRAS UN INFARTO A LOS 65

"Los maratones los gano por puro ego"

Tengo 82 años y he ganado el maratón de Nueva York cinco veces tras una angioplastia. La edad es una elección y yo he elegido la mejor para siempre. Nací en Kansas. Cuando cumpla 90 correré la Cursa de El Corte Inglés por décima vez; ¡Anímenme! Mi mujer y yo tenemos nueve hijos y cinco nietos y estamos felizmente divorciados: somos amigos

Fibrado, ágil, contenido... Hasta aquí John es un maratoniano; pero, además, es un chaval sencillo, simpático y vitalista como un afable tertuliano de porche en el Midwest. Me habla de vinos, de divorcios, de viajes, de política (está con Bush en todo menos en Iraq, pero me deja defender a Clinton) y de la temporada del Lincoln Center. Luego planea conmigo su próximo maratón en Utah y me da definitiva prueba de su juventud: cuando le pregunto por la II Guerra Mundial (John estuvo en el Pacífico con la Navy)... ¡se niega a contarme sus batallitas! Me recomienda muchos chequeos y el gran maratón mental de un crucigrama diario difícil. Le cito a nuestros lujos de ´La Vanguardia´: Fortuny y Serra. Nada que envidiar, le juro, a los suyos de ´The New York Times'

LLUÍS AMIGUET - 31/05/2005

-Tuve un infarto a los 65 años. Tenía mis coronarias obstruidas en un 95 por ciento.Me sometieron a una urgente angioplastia y me salvaron la vida... Por los pelos.
-¿Qué hizo después?
-Tenía dos posibilidades: o me quedaba en casa acongojado con el mando a distancia en la mano sentado frente al televisor...
-¿Y por qué no lo hizo?
-Todos tenemos un inmenso poder sobre nuestra existencia, sobre nuestra enfermedad y sobre nuestra edad.
-Vale, pero tienes los años que tienes.
-No es cierto. Tú decides tu edad y tu salud, porque tú decides tu estilo de vida. Yo decidí tener la edad de correr maratones. Decidí correr y vivir más y mejor que nunca. Quedarme en casa obsesionado cuidando mi corazón hubiera sido aceptar que ya estaba un poco muerto y yo creo en la vida sobre todas las cosas.
-¿Y cuál era la alternativa?
-No había alternativa. O vivía o vivía. Y, de hecho, estoy convencido de que ya estaría muerto si hubiera optado entonces por el sofá y el mando a distancia en lugar de escoger las carreras, los viajes, los buenos vinos, la gran ópera...Y una vida sexual activa...
-Un infarto muy estimulante: veo.
-Con la ayuda de esas pildoritas azules, también eso ha sido posible. ¡La juventud y la salud son una elección! ¿Sabe cuál es el problema con el sexo a mi edad?
-Ya lo descubriré por mí mismo.
-El problema no está en mi capacidad de oferta, sino en la voluntad de demanda de las señoras. No tienes la misma correspondencia femenina a los 28 que a los 82, pero decidí que, si contaba con menos encantos como oferta, habría que multiplicar la eficacia de mis estrategias de venta.
-Iba usted a por todas.
-Pero sobre todo, mi gran opción fue su-dar la camiseta. Ahí sólo dependía de mí mismo. Esa posibilidad: correr maratones y viajar para competir en las carreras más duras del planeta comenzó a obsesionarme.
-¿Cómo?
-Empecé por correr poco a poco con supervisión médica y entrenamiento apropiado. Después me concentré en poder competir en el maratón de Nueva York.
-¿Por qué?
-Es la carrera con más energía del mundo. Yo quería formar parte de esa energía y beneficiarme de ella. En las primeras diez millas sólo hay sudor y esfuerzo, pero después la gente, miles de personas, se vuelca en la calle para animarte y todos corren contigo.
-¿Por eso corre usted? ¿Por esa energía?
-La verdad: yo los maratones los gano por puro ego. Cualquiera que haya corrido un maratón y cruzado la meta sabrá el masaje para tu autoestima que supone llegar.
-Llegar indemne, supongo.
-A menudo he tenido que parar a vomitar de puro cansancio. Pero, después de aquel infarto, conseguí acabar el maratón de Nueva York ocho veces, de las cuales gané cinco en mi categoría de edad: mayores de 65 años.
-¡Bien!
-Me ha nombrado corredor del año de mi categoría en dos ocasiones una asociación que tiene 45.000 competidores, la NY Road Runner. Y he sido US Track&Field Association Runner, la mayor unión atlética de América, en la categoría de mayores de 75 años.
-¡No pare, John!
-No me estoy dando pisto, oiga, le explico porque usted me ha preguntado: he corrido maratones en la Antártida, Roma, Berlín, Londres, Moscú...
-Siga, por Dios.
-Y cuando cumplí 80, hace apenas un par de años, acabé el Spud Man Triathlon: un kilómetro y medio nadando, 40 kilómetros en bicicleta y 10 kilómetros corriendo...
-¿Todo en el mismo año?
-¡Todo el mismo día consecutivamente! No tenían categoría en la carrera para los de 80 años, así que competí con los de 65.
-¡Duro con esos niñatos, John!
-Acabé el tercero en la categoría de 65, justo detrás de dos jovencitos de 65 recién cumplidos. Y, en fin, aquí en Barcelona vengo a la Cursa de El Corte Inglés por noveno año consecutivo y la he ganado en cinco ocasiones en mi categoría.
-Un paseo para usted.
-Amigo, Barcelona es una carrera en sí: vengo a escuchar ópera, vengo a beber buenos vinos y a sentir la ciudad. Cuando cumpla los 90, vendré a correr la Cursa de nuevo. Se lo prometo a usted y a todos sus lectores y les pido que vengan a compartir energía.
-Estupendo... ¿Y usted de qué vive?
-Hasta ahora no me ha ido mal con una cadena de hoteles.
-Colijo que no es usted el botones.
-Tengo unos cuantos hoteles, sí y, aunque delego para vivir mejor, sigo participando en su gestión ¿Quiere venir a esquiar a Utah?
-¡Aunque sea pagando!
-Venga a Utah, amigo, porque Aspen está ya muy masificado. Y, si no, venga a correr el George Marathon en Utah del Sur. Comienza a las 6.50 horas a causa del calor.
-Tal vez algún esforzado lector se anime.
-¡Que pregunten por mí!
-¿Su señora corre con usted?
-Corre lejos de mí. Estamos felizmente divorciados y somos grandes amigos. Tenemos nueve hijos y cinco nietos juntos.
-¡Enhorabuena por los niños!
-Ya llevamos 28 años felizmente divorciados. De hecho, mi mujer ha venido a Barcelona conmigo.
-¿Cuál es el secreto de un divorcio feliz?
-Quererse mucho y ser mejor amigos que cuando estábamos casados.

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