ILAN FERNÁNDEZ, CREADOR Y DISEÑADOR DE LA MARCA ´DE PUTA MADRE´"Mi marca de moda la acuñé en la cárcel"
Tengo 38 años, de los que he pasado ocho en la cárcel. Nací en Medellín (Colombia), crecí en Miami y ahora vivo en Roma. Soy diseñador de moda y empresario. Estoy casado con Elisa Sabatino (campeona mundial de moto acuática) y esperamos un hijo. ¿Política? Al margen. ¿Dios? Existe, pero lo creas tú: ¡actúa, no esperes sentado!
Ilan Fernández ha estado en las dos convocatorias de la feria de moda Bread & Butter con su ropa. Y liándola: le han visto subido a su stand lanzando camisetas a los visitantes. Tiene una mirada cargada de energía, brazos tatuados y una vida extrema de la que ha sabido aprender. "Si yo salí de la cárcel y reconstruí mi vida, ¡cualquiera puede!", afirma. En Roma va tres veces por semana a una cárcel y colabora con un grupo de presos fabricando camisetas con el lema ´De puta madre, made in jail´, que les ayudará a reinsertarse. Es un hombre cargado de mensajes: "Estoy harto de los quejicas, de los que piden: hice una camiseta con la cara de Jesucristo delante y, detrás, la frase ´No me rompas las pelotas´. Si pides y te quejas, ¡vete a un hospital, y verás que tú tienes que callar!".
VÍCTOR-M. AMELA - 25/01/2006
- Menudo nombrecito, el de su marca...
- Ja, ja: De Puta Madre, sí. Aprendí esa expresión en Barcelona, en la cárcel de Quatre Camins: ¡y ahí acuñé mi marca!
- ¿Qué hacía usted en la cárcel?
- La policía me detuvo... Me tiré dos años en espera de juicio... Yo había traficado mucho con cocaína y... Es una larga historia...
- No tengo prisa.
- De niño vivía con mis padres en Miami. Mi padre, judío colombiano, trabajaba como funcionario político en la embajada de Colombia en Estados Unidos...
- Buena posición social, pues...
- Sí. Hasta que, un día, mi padre apareció muerto. Yo tenía 9 años. Fue algo oscuro, nunca supimos bien de qué murió...
- ¿Qué sospecha usted?
- No sé, crecí con ese misterio... Mi madre y yo nos quedamos sin dinero y nos mudamos a un barrio pobre, con delincuencia...
- ¿Vivió allí su adolescencia?
- Sí. Con viajes a Colombia para pasar las vacaciones con familia de allí. Y me di cuenta de lo cara que se pagaba la cocaína en mi barrio para lo barata que era en Colombia...
- ¿Mucha diferencia de precio?
- En 1984, un kilo de cocaína en Colombia costaba 250 dólares: vendido en Miami - gramo a gramo- ¡sacabas 50.000 dólares! Yo tenía 17 años y empecé a hacer eso. ¡No quería ver a mi madre pasar más privaciones...!
- Se metió en un negocio peligroso...
- Resultaba muy fácil: iba en grupo con chicas rubias, con anglos,¡y lo colábamos todo por el aeropuerto! El peligro fue otro.
- ¿Cuál?
- Dos años después yo tenía mucho dinero y me creía dios, omnipotente, indestructible. Era fanfarrón, tenía lo que quería, hacía lo que quería: Nueva York, Italia, Barcelona...
- ¿Qué venía a hacer en Barcelona?
- Tenía mis contactos... Y, en un viaje aquí, en 1989, la policía me detuvo. En comisaría había policías americanos e italianos, ¡y me mostraron grabaciones en las que se me veía traficando en Miami! Pillado. Me acusaron de mil cosas y me ofrecieron inmunidad... a cambio de delatar a otros. Yo me negué. Me cayeron 18 años de cárcel, que gracias a mis abogados quedaron en ocho años.
- Dos en Quatre Camins, me decía...
- Sí, y ahí cambié el chip de mi vida.
- ¿Cómo?
- Había allí un preso muy duro, un tío muy malo, al que todos temían. Pero yo le encaraba, claro, y chocábamos continuamente...
- ¿Cómo se llamaba ese tipo?
- No se lo digo. Sigue allí dentro, y... Saldrá en el año 2011... Hoy es mi amigo: un día comenzamos a hablar, y descubrí a un tipo inteligente, inquieto como yo, y vimos que había cosas que podíamos hacer allí dentro...
- ¿Como qué?
- Analizamos por qué estábamos allí. Y descubrimos que no era por querer pasta.
- ¿Ah, no? ¿Y por qué, entonces?
- Cuando yo tenía ya mucho dinero, ¿por qué seguía traficando? ¡Por estar arriba, por sentirme poderoso, respetado, por ser alguien! Se trataba, pues, de sentirse bien. Así que mi amigo y yo, con rotuladores y letra gorda, nos pusimos a estampar camisetas con esta expresión: "¡De puta madre!".
- Ah, por eso dice que ahí empezó todo...
- Sí. Todos los presos querían una camisetas. Y nuestro lema se popularizó allí dentro: "¿Cómo estás, tío?". "¡De puta madre, ja, ja!".
- ¿Cómo saltó a ser marca internacional?
- Los guardianes y policías también nos las pedían. Y algunos de sus hermanos pequeños, sobrinos o hijos empezaron a ponérselas para ir a la discoteca, ¡y todas las miradas eran para ellos! ¡Estaban encantados!
- ¿Por qué las miraban tanto?
- Por los lemas que pintábamos delante y detrás, claro: "De puta madre", "Cocaína", "Manicomio criminal", "Colombia narcotráfico", "Clandestino", "Pablo Escobar", "Gigoló latino", "Fuck the baby sitter"...
- No traduciré eso...
- Vimos que habíamos acertado: ¡los jóvenes quieren ser alguien, ser mirados! Pero son inseguros y, para ganar seguridad, encienden un cigarrillo antes de entrar en la disco, beben, se drogan... ¡Y nuestras camisetas les ayudaban a llamar la atención!
- Pero mediante apologías de la droga...
- ¡Todo lo contrario! Esas camisetas son sucedáneos de la droga: lucirlas les da atractivo a los ojos del grupo, lo que les reporta una seguridad que es un escudo ante las drogas.
- Ojalá sea así.
- Es mi obsesión: que ningún chico repita las mismas estupideces que yo cometí.
- ¿Cuándo salió usted de la carcel?
- De Barcelona me enviaron a una cárcel de Miami, y allí seguí con mis camisetas. Y me carteaba con mi amigo. En 1996 salí, trabajé haciendo de todo, y vine a Barcelona...
- ¿A ver a su amigo?
- Sí, pero no me han dejado verlo, por no ser un familiar. Aquí trabajé de camarero, lavaplatos... Un día andaba muy alicaído por la calle y conocí a un italiano, nos hicimos amigos, fuimos a Eivissa, le conté mi historia, me invitó a su país... y me presentó a un fabricante textil. Hoy los tres somos socios, ¡y ya facturamos 35 millones de euros anuales!
- ¿Sólo con camisetas?
- Y pantalones, zapatos, ropa íntima, material escolar... Pero a mí todo esto de la moda no me interesa, para mí es sólo un vehículo para difundir mi mensaje: "No a la droga", "No a la violencia". También lo escribo.
- ¿Qué hará cuando su amigo salga de la cárcel de Quatre Camins, en el año 2011?
- Le recibiré con una gran fiesta y le diré que todo lo mío es suyo.
29 de gener 2006
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